Grande es sólido, un tema para discutir

26 03 2009

a799687e63ac96ea_bank-collapseEn las últimas décadas, la idea de que las instituciones grandes son más sólidas ha sido aceptada por la gran mayoría. La crisis financiera que estamos viviendo no ha confirmado que sea verdadera, aunque sí ha demostrado que el colapso de algunas de estas grandes instituciones financieras genera consecuencias sistémicas de tal magnitud que obliga a los gobiernos a rescatarlas para evitar el mal mayor de una crisis social.
Muy pocos dudan ahora que habrán cambios regulatorios al sistema financiero internacional. Sin embargo, habrá que luchar para que el péndulo no se vaya al otro extremo y caigamos en un sistema financiero estatal o sobre regulado que inhiba su desarrollo.
Fueron estas instituciones, los bancos de inversión, los que durante la última década desarrollaron una gran cantidad de productos financieros de gran complejidad y sofisticación que pocos entendían a cabalidad, y muchos menos comprendían los riesgos de crédito reales tras ellos.
Respecto de cómo se generaron estos llamados activos tóxicos, lo primero en la lista es la mala evaluación del crédito a las personas que accedían al financiamiento hipotecario en Estados Unidos, incluso a través de agencias con patrocinio gubernamental, como Fannie Mae y Freddie Mac. Aunque es comprensible que un gobierno quiera proveer a su población de acceso a la vivienda propia, otorgar a una persona un crédito que no podrá pagar es una falta de realismo. Lo que puede hacer el Estado es entregar un subsidio que permita acceder a una vivienda digna y a un crédito hipotecario que sí pueda pagar.
No fueron los créditos comerciales los causantes de esta crisis, sino la mala calidad del crédito hipotecario la que terminó contagiando a todo el sistema financiero internacional y llevándonos a donde nos encontramos hoy.
Por otro lado, la política monetaria de la primera economía del mundo llevó la relación endeudamiento-ingreso disponible a niveles nunca vistos, hizo desaparecer el ahorro de las personas e impulsó déficits de cuenta corriente y fiscal que ninguna otra economía del planeta habría resistido. Esto alimentó aún más el apetito por riesgo llevando a los bancos de inversión a acumular deuda y apalancamiento financiero inconcebibles en cualquier otra industria, con una calidad de activos muy deficiente.
Es esperable que al evaluar nuevamente separar la actividad de la banca comercial de la de inversión, aumente la supervisión y regulación de ésta última. La regulación deberá estar orientada a limitar el nivel de endeudamiento y apalancamiento de la banca de inversión, a obtener una mejor medición de sus niveles de riesgo para evitar los riesgos sistémicos de las instituciones, que inevitablemente deberán transar y coexistir con la banca comercial.
Desde luego, es fundamental resolver el problema de originación del crédito hipotecario, para que los procesos de crédito sean rigurosos al evaluar la capacidad de servirlo. Debate complementario será la capacidad de administración de las grandes instituciones, donde la administración del riesgo se hace muchas veces inmanejable. La subcontratación de la evaluación de riesgos (agencias clasificadoras) será cuestionada y deberá resolver los conflictos de interés que se generan, especialmente en lo que se refiere a quién remunera a quién. Es decir, saber claramente quién es el cliente de quién, y los intereses de quién se están cautelando.

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